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miércoles, 30 de abril de 2008

Los Numerosos ismos de la Vanguardia

Como escribí en la entrada anterior, el Vanguardismo es una corriente muy excelente en sus regimientos y características como la libertad y la innovación. Pero nada dura para siempre, así que la gran acogida que tuvo esta corriente expresionista, creacionista y demás con muchísima gente que se decidió por acoger estas tendencias como un poco "revolucionarias" que se iban en total contra de lo antiguo o la tradición, lo que hubiera sido algo totalmente inimaginable con otras corrientes que existieron.
Pero como iba diciendo, la gran acogida que tuvo esta corriente se fueron deformando por lo que se fue quedando obsoleta por las ideas nuevas que iban surgiendo en sus artistas, políticos, etc. Por lo que ellos mismos crearon unos "ismos" los cuales surgieron contra una corriente envejecida (Vanguardia), y fue algo muy curioso por lo que cada artista que seguía la vanguardia después fue teniendo sus propias ideas e ideales (que tienen el punto de partida en la corriente antigua) y propusieron innovaciones radicales de contenido, lenguaje y actitud en su vida diaria. Fueron surgiendo numerosos ismos pero entre los más importantes están:
  • Expresionismo
  • Cubismo
  • Futurismo
  • Dadaísmo
  • Ultraísmo
  • Creacionismo
  • Surrealismo
  • Estridentismo
  • Impresionismo
  • Cosmopolitismo
  • Neorrealismo
  • Suprerealismo
  • Existencialismo
  • Experimentalismo

Me parece muy interesante esto de los "ismos" de la Vanguardia y el porque si todos seguían una misma corriente, se fueron cada uno por su lado que más le interesaba, y como de una corriente se crearon tantas pequeñas corrientes en busca de innovarla, pero supuestamente una de las características de la Vanguardia era siempre crear algo nuevo, o innovar lo que ya está creado porqué? innovar la innovación?....

Según vayamos estudiando más en la clase sobre estos temas voy a publicar más entradas de esto de la Vanguardia que está muy interesante. Y de algunos de los ismos que vi que eran muy comunes sus características en obras y pinturas muy conocidas.

lunes, 28 de abril de 2008

Qué es la Vanguardia para mi?

Siempre he escuchado en todos lados que la vanguardia esto y aquello, pero una definición certera de lo que realmente abarcan estas 10 letras - que hasta según el profesor - es una palabra muy difícil que contiene muchas cosas.

Primero esta Vanguardia es un término que procede de Francia que es una fase que se da en los 1900, pero se disperso por toda Europa y por todo el mundo muy rapidamente. Pero no solo fue en una fase artística y expresionista con solo libros y pinturas, también con idealismos para la política, filosófica y otras más. Pero en nuestro contexto nos interesa más el lado artístico, entonces lo que se es que los sistemas más aceptados de representación o expresión artística, en teatro, pintura, literatura, cine, música, etc.

Busque en el internet obras de pintura, de literatura conocidas de la vanguardia y pude notar que va mucho con un futurismo real, o sea, no llega a ser algo abstracto. Como la de un autor Antonio Sant'Elia que es como un edificio de los que se construyen hoy en día, en el siglo XXI, y es algo rarísimo que las pinturas sean precisas en nuestro presente, su futuro.













Pero aparte de sus obras, ellos se regían según algunas reglas, o más que reglas algo que a ellos los caracterizaba mucho, como lo de luchar siempre con las tradiciones y siempre estar innovando todo y no hacer nada que alguien les diga que hagan, siempre teniendo presente que son libres y disfrutan innovando en todo.
También en sus obras tanto expresionistas, artísticas, políticas, etc. Siempre teniendo que a parte de innovar, que es el de experimentar aunque yo pienso que no hay nada como innovar hacer algo nuevo u original, sin antes experimentar, y eso es lo que más los caracterizaba.
Pero pienso en seguir leyendo y aprendiendo más de esta etapa de los "Vanguardistas" con su actitud tan interesante y si hay tiempo leer obras y seguir viendo más pinturas tan interesantes como la que se puso arriba. Y poder saber si existe algo de esto en la literatura y obras nuestras como en las de Pablo Palacio. Que es justo de la época de la Vanguardia, por eso es lo que me interesa aprender más sobre las características y poder reconocer con las obras que vayamos leyendo.

sábado, 8 de marzo de 2008

El Barroco en la Iglesia de la Compañía

Nuestra ciudad es muy famosa por tener el mejor centro histórico de todos los de otras ciudades en el mundo. Pero tenemos que analizar alguna vez a que tipo de arte, corriente o tendencia corresponden tantas obras con sus diseños, pinturas, estatuas, etc.

Voy a escribir sobre una de las más famosas iglesias que tiene Quito, La Iglesia de la Compañía, que es uno de los más grandes ejemplos que tiene nuestra ciudad de la escuela Barroca de los siglos XVI y XVII.

Tiene todos los elementos de las características Barrocas, que las señalaré aquí:

Podemos ver que por dentro la primera visión es de un color dorado muuy intenso, y cuando lo observamos detalladamente, es como que en ningún lugar hay un espacio vacío. Y esta es una de las más grandes características del Barroco; el que tienen ese "Miedo al Vacío" y que sobrellenan todos los espacios que puedan quedarse vacíos, además de que son demasiado cuidadosos en todos los detalles de las estatuas, pinturas, el oro, etc.

Dentro del templo nos da una gran armonía, de riqueza barroca y barroco equilibrio, todo hecho en oro con ese color dorado intenso que nos deslumbra. Todo está muy lleno hasta que no hay lugar del retablo mayor y de capillas, de la bóveda del crucero y columnas, de tribunas y coro, que no esté recubierto de el magnífico oro, con decoraciones y detalles pequeñísimos pero que nos hacen saber que el barroco es muy bonito.

La fachada del templo es una de las más admirables características del barroco. La puerta principal tiene alrededor seis columnas grandísimas con algunos detalles, o sea, como en todo el barroco nada se queda vacío. Y todo el resto de la fachada tienen muchas características y detalles muy distinguidos con estatuas y todo logrado hecho completamente en piedra, y con lo difícil que es lograr hacer algo en piedra; pero lograr construir toda esta fantástica y gigante fachada solo de este material y aparte hacerla tan detallada en todos lados, solo queda por decir: Cómo lo hicieron?

Con esto podemos saber que es totalmente un arte barroco, el arte quiteño en sus iglesias y obras son muy valiosas. Y hay que conservarlas para mucho tiempo más porque no solo sirve para el turismo y nuestro estudio, sino que las siguientes generaciones podrán ver lo que fueron e hicieron nuestros antepasados, y que sepan admirar todas estas artes tan perfectas. En siguientes entradas iré estudiando más iglesias, fachadas, pinturas, frescos, etc. de Quito para saber que tipo de artes son o a que corrientes pertenecen, y recordar siempre que con nuestras mismas iglesias y cuadros podemos aprender, no solo con historia del resto del mundo, y saber que aunque a veces olvidamos de que existen estas obras, somos muy priviligiados de tener tan cerca todo este arte.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Análisis y crítica de la Película "PI"

Esta película me pareció interesante. por lo que propone una propuesta singular en estos tiempos de velocidad y superficialidad. El desafío de pensar un interrogante que involucra a la ciencia, la filosofía y la religión por igual.

Para mi pensar es llega a ser hasta cruel con el mismo el actor principal por lo que en la actuación, se nota el estrés que lo ronda al personaje, los dolores que padece cada mañana, los sonidos que escucha, con un tanto de paranoia; es decir, personalmente es la me dio a cada rato sensaciones de que estaba loco, por tantos números, por tantas ideas frenéticas, por tanto análisis de todo lo que veía, y también se podría decir, por tanta mala suerte.

La película es del director Aronofosky, es un filme lleno de estrés y nerviosismo que nos transmiten constantemente, contagiándonos a nosotros mismo una especie de locura o hasta hacernos estresar también.

La imagen en blanco y negro muy contrastada pienso yo que es para enviar alguna intención también por medio de la pantalla a los que la miren.

Algo que me pareció muy curioso es que en la historia los únicos personajes que participan son los que tienen que ver con algo en la trama, no hay nadie más. Y el gran actor que representa a Max, es el centro de todo lo de los demás escasos actores, y todo gira alrededor de él y de su frenética búsqueda.

El protagonista de la película, representa un personaje obsesionado con las matemáticas (siempre hay la escena que la niña oriental le pregunta una operación matemática y este le responde hasta con decimales), su perfil es el de una persona creativa y muy inteligente (teniendo a mi parecer a ser lunático), y padece de una grave enfermedad; que no nos dicen pero con las imagenes ya nosotros mismos los podemos captar.

La vida de Max se rige por cuatro fundamentos que él considera esenciales:
1. Las matemáticas son el lenguaje de la naturaleza
2. Todo lo que existe en el mundo puede ser entendido y representado por números
3. Los números forman un complejo sistema que puede ser representado por patrones
4. Finalmente, estos patrones existen en todos lados y nosotros mismos lo podemos comprobar en nuestra vida cotidiana

También es una película que vale mucho la pena verla completamente como cine/arte para sacar todos los elementos que la componen y entender completamente que es lo que verdaderamente el director quiso decir con la atmósfera opresiva, intensa y sugestiva de Pi que procede de su estética en blanco y negro, también lo que significa que se haya metido un taladro en la cabeza, a parte de los juegos de tiempo que nos maneja el director como que después de que se mata vuelve a una escena donde está vivo y sin ninguna preocupación aparente que es lo que lo caracteriza en la película (las preocupaciones).

También quisiera saber porque detalles como la cicatriz de la cabeza son difíciles de comprender que nos quiere decir, y al final hubo PI?....

Aparte del contenido tan filosófico que es la materia que pienso menos nos gusta (en general) a los alumnos discutir, los tomes de cámara son impactantes, lo que nos dijo el profesor que le sujetan la cámara al actor, para que se tenga esa sensación de desesperación que nos transmite el actor, y de mareos, locuras, etc. que el actor tiene tanta facilidad para evocar.

En conclusión, interesante aunque creo que así la viera trecientas veces no la entendería en su totalidad pero me parece que es un buen ejemplo de lo que no es el cine light.

Estaría muy interesado si aprendemos más técnicas de aprender sobre el cine/arte, como reconocer elementos y saber qué nos transmite el director mediante los actores en cada toma, de volver a hacer un análisis de esta películo en posteriores oportunidades...

Análisis y crítica de la Película "El Lado Oscuro del Corazón"

"No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija.

Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco con un aliento insecticida.

Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso si! - y en esto soy irreductible - no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretenden seducirme!"

Esta frase tan recordada en este filme es aquel que el director nos da como punto de partida y hasta de culminación de toda la trama, es la película de "El lado Oscuro el Corazón" del director Eliseo Subiela.

Es muy interesante el manejo del tiempo y la forma de hablar que se da en toda la película. Porque se nota que al menos los fragmentos que logré ver, se nota que lo que habla Oliverio (el protagonista) todo es en forma de prosa, con una forma muy "sensual" de hablar para conquistar mujeres, y encontrar a la que "sepa volar" según su forma de ver el mundo. Aunque a veces piense que ha encontrado la persona que en realidad es la correcta porque sabe volar y con él. Pero termina resultando una caída impactante y dolorosa, pero el no termina ahí su búsqueda. También decía que el manejo del tiempo es muy sutil y sentir que nos dice a nosotros las palabras hecho poemas.

Podemos notar que el personaje de Oliverio, hace la selección de lo mejor de su prosa para describir su busqueda de la mujer, pero lo extraordinario de la película es que es hecha poesía, capaz de hacernos bailar al ritmo de sus palabras.Podría decir que con esto no hay duda que el soñador siempre alcanza sus sueños; sino en la realidad si logra ser parte de ellos.

Finalizando un breve análisis de esta película que para mi pensar es de las mejores que nos hizo ver el profesor, en esta gama de exposiciones de cine/arte; pude captar que hace un excelente acompañamiento entre la imagen y la poesía con su película. O sea, siempre se acoplan las ideas principales de lo que habla el actor principal con lo que se está viendo por detrás, el escenario, los actores secundarios, el bar, etc. nunca se contraponen la imagen de cierres de cámara con la poesía que sale de la boca de Oliverio.

Me dijeron que sobre salen los poemas de Mario Benedetti, el quien aparece recitando en una de las escenas que me ha parecido una de las escenas más originales que he visto en una película, además de emotiva ya que con eso sabemos más de la vida de un poeta. Siempre recitando sus creaciones para conquistar mujeres, estar en un bar, tomándose un trago, el tabaco, el ambiente bohemio, la música de atracción; todos estos elementos se notan en esta parte que Mario Benedetti sustituye a Oliverio recitándole un poema suyo en alemán, pero sin ningún cambio brusco de escena sino con una sustitución tan sutil que muchos ni se dieran cuenta del famoso que está recitando (incluyéndome a mi).

Y al final esta película que fue muy interesante verla, siceramente, el director me hizo querer verla completa para entender todo. Y yo no sabía que habían películas así que el personaje principal, el más difícil de interpretar, pueda hablar durante todo el filme en prosa y que el director haga que se relacionen lo que habla con lo que graba, es decir, con la imagen. Vale totalmente la pena verla y aprender alguito de Oliverio.


lunes, 25 de febrero de 2008

Análisis y crítica de la Película "Amélie"

Amélie Le Pen


Pasó la pesadilla ultraderechista dejando una víctima, el Partido Socialista. Ahora, la izquierda francesa tendrá que reorientar sus pasos y actualizar su pensamiento. En este ensayo, Roberto Garza reúne al personaje de la película de Jeunet, Amélie, con el esperpéntico Le Pen, profeta de horrores, intolerancias y prepotencias gerenciales. Vea el curioso lector cómo lo hace.

No es necesario ser francés para saber que el barrio parisino de Montmartre –donde suceden los hechos de la película– está repleto de inmigrantes argelinos, marroquíes, turcos y latinos; que hay innumerables pintas en las calles, y que el Metro y la estación de trenes destacan por el mal olor, la basura y los junkies. En contraste, Jeunet retrata un Montmartre poblado única y exclusivamente por franceses blancos, sin grafittis en las paredes (la única pinta la hace la mismísima Amélie en un acto de buena fe), sin rateros, taxistas africanos o cualquier otro tipo de escoria non grata. Vemos un Montmartre en el que ni siquiera se respetaron las cacas de los perros en las banquetas (las limpiaron sobre imagen en la postproducción) Que Jeunet afirme que Amélie es su propia fantasía hecha realidad le ha costado que analistas como Antoine de Baecque ("Amélie fait débatoutre-Manche", Liberation 21-06-01) lo acusen de "reaccionario y limpiador étnico", denuncias que, por cierto, han sido tajantemente desmentidas en más de una ocasión por el director.

Ya montados en este afán de encontrarle más pelos a la rana, tampoco debemos pasar por alto que la hermosa Amélie Poulain se inspira en las muertes de Lady Di y Teresa de Calcuta para entregarse por completo al prójimo –esos pobres franceses infelices urgidos de compasión– mediante una serie de estratagemas maquinadas mediante cuestionables tácticas de transgresión a la intimidad del otro. Amélie es, pues, una suerte de hada buena que se siente con autoridad moral para invadir espacios privados e inmiscuirse sin autorización o solicitud previa en la vida de la gente que le rodea. Si alguien no le cae bien o considera que está haciendo mal, el personaje creado por Jeunet se encargará de hacer justicia por propia mano, así tenga que volver loco a un prepotente tendero, o bien, por hacerla de cupido, forzar una bizarra relación entre una cajera de cafetería y un maniático obsesivo.

el personaje Amélie Poulain carece por completo de un perfil político, sus convicciones se fundamentan en un sentido subjetivo de la justicia, y sus métodos para "hacer el bien", más allá de la aparente ingenuidad infantil, son en ocasiones tan manipuladores como los utilizados por cualquier régimen dictatorial. Sin embargo, la joven Amélie es encantadora, y eso es lo que no deja de llamar la atención. La respuesta que encuentro es que, en una lectura de fondo –aunque Jeunet diga lo contrario–, Amélie es un auténtico símbolo del nacionalismo francés; una optimista e imponente alegoría de un París imposible; un hermoso sueño xenófobo que, a fuerza de calidad, le ha dado la vuelta al mundo, no obstante haber sido descartada para competir en Cannes y perdido en Hollywood un merecido Óscar a la mejor película extranjera.

martes, 19 de febrero de 2008

Poesía del Indio Solari

Para completar la entrada anterior de los famosos Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, vamos a publicar una de las poesías o los ensayos de Carlos "indio" Solari con las cuales fue una de las razones de el éxito rotundo entre el público de su música y su letra.

Después cuando tengamos más conocimiento del tema de la poesía o más bien el ensayo lo podríamos estudiar, analizar y encontrar detalles pero ahora con leerla podemos ver que es interesante lo que escribe por la dedicatoria o lo que dice que lo tóxico de la realidad pero con fin de felicidad un poco erótico con las muchachas del Hotel Luxor.


LEYES TÓXICAS
Carlos Solari

- La primera ley para la angustia tóxica dice que: si no podés admitir la realidad, por lo menos debés intentar montarte un sueño decente.El diputado cruza la línea de la cordura legal y apasiona a la prensa un par de semanas. Un tipo mentolado de saco espigado. Se llama como se llama (no importa). El diputado piensa que ciertas cosas sólo pasan en el cine. Nada como un buen crimen en el Hotel Luxor para darle realce a su vanidad. Tarde o temprano la película termina.

- La droga siempre es la droga; son las personas las que varían entre sí. Esta segunda ley se proclama en una canción sanguinaria.
El diputado elige unos bellos palmitos. Las piernas más bonitas del mundo. Las más lindas que ha visto. La contemplación de la belleza le lleva a la calma. Pero la belleza no abunda ni dura. La tipa es una modelo bastante vulgar. Sonríe desde la tapa de una caja de alimentos para perros y se rompe el corazón con "El crucero del Amor" mientras traga unas pocas moneditas. Aceptaría dinero del propio diablo. Esta vez la víctima no adopta la máscara de la virtud. Sólo se pregunta: ¿Cómo actúan las tipas felices? ¿Cómo se comportan?
Tipas felices, personas blandas y paredes blancas. Blancas como la leche, como las rayas finas. Sucias como la leche sucia. Drogas duras, como la violencia lasciva y el puto amor que da tanto miedo. Nariz dilatada y labios entreabiertos, implorando no estallar cuando se cruzan los pensamientos cargados de espectros que se rebelan.

-Determinadas alteraciones químicas que se dan en el cerebro estimulan ciertas reacciones que se vinculan con la supervivencia del individuo.
La cocaína del diputado le estimula las zonas cerebrales más poderosas, las más vigorizantes. Con la bragueta hinchada por la excitación, conduce el taladro una y otra vez, hacia los muslos de su preferida. la martiriza. Empuja con la mecha ensangrentada unos ojos desorbitados de cordero de frigorífico. Atraviesa toda resistencia y comienza a hurgar con la herramienta. ¿No se puede ir más lejos? se pregunta. Cambia por una hoja curva y comienza a pelar a la modelo con suaves movimientos. Ahora la piba, es una formidable masa de carne roja que se bambolea sobre un sillón. Está horrible. Con su estúpida sonrisa frotada por el aplicado esmeril del diputado, entrega con brusquedad sus regiones más blandas (¡que el cielo la ampare!). Los huesos parecen de cera.
Después de una hora de batalla, el diputado yace jadeante. La muchacha está dispersa y en total exhibición. Cubierta aquí y allá por pequeñas cascadas de semen. Todavía exuda. Todavía algunos de sus líquidos se mueven. Nuestro matador abandona. De su boca brota un diluvio de vómitos que cubren los rostros, emulsiona con la sangre y termina anegándolo todo.
Ahora el pobrecito duerme mordisqueando un dedo y sueña que está totalmente adentro de una de las chicas del Hotel Luxor que le ama locamente.

(Para las chicas del Hotel Luxor, que tienen el culo dulce como la miel)

lunes, 18 de febrero de 2008

Análisis y crítica de la Película "La Misión"

Jeremy Irons, Robert De Niro, Liam Neeson y Aidan Quinn encabezan el reparto de La Misión. La película narra el conflicto que se produjo en el siglo XVIII entre portugueses, españoles y la Santa Sede por la posesión del territorio de las misiones jesuitas, en la zona de las Cataratas de Iguazú, en lo que hoy es la frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina.


Dirigida por Roland Joffé (Los gritos del silencio), La Misión se benefició enormemente de la solvente producción del inglés David Puttnam. La película ganó el Óscar a la mejor fotografía en 1987 y obtuvo nominaciones a mejor vestuario, diseño de producción, montaje, banda sonora, además de mejor director y mejor película.

IMAGEN
La Misión se presenta con una relación de aspecto de 2.38:1 e incorpora mejora anamórfica 16:9 para televisores panorámicos. Fue filmada por Chris Menges, BSC, usando el formato panorámico J-D-C Scope (un clon del más popular Panavision).
Estamos ante una gran transferencia por parte de Warner, sin duda la mejor presentación del film desde su estreno en cines. La nitidez y la definición merecen la calificación de notable alto en todo momento, puesto que únicamente algunos planos aislados tienen una apariencia suave o difusa. La paleta de color - dominada por el color verde de la jungla - aparece perfectamente representada, reproduciendo tonos muy naturales con una perfecta saturación. Rodada con las emulsiones Kodak 5247 (125 ASA) y Agfa XT (320 ASA), únicamente algunas escenas tienen un ligerísima capa de grano.
El contraste por lo general es muy bueno, aunque los negros no son tan densos como debieran en algunas escenas, especialmente durante el primer encuentro del padre Gabriel (Irons) con los indios en la jungla. Sin embargo, el detalle en las sombras es espléndido, incluso en las escenas rodadas con muy poca luz.
La copia utilizada para la transferencia a DVD se encuentra en un excelente estado. No obstante, si se presta mucha atención pueden observarse minúsculas manchas como defectos de celuloide. Su baja frecuencia y su pequeña cantidad no empobrece para nada esta fenomenal presentación, que además está totalmente libre de artefactos de compresión.
El cambio de capa se produce en el minuto 58, en un plano estático y con únicamente sonido de ambiente, de modo que es fácil que pase totalmente desapercibido.

SONIDO (VERSIÓN ORIGINAL)
La Misión se ha remezclado a Dolby Digital 5.1 para su presentación en DVD, partiendo de las copias en 70 mm con seis pistas de sonido (configuración 4.2).
El diálogo permanece totalmente centrado a lo largo de todo el film. En cambio, la espacialidad de los efectos de sonido en los canales frontales es buena, aunque en ocasiones algunos efectos aparecen demasiado aislados en uno solo de los canales, lo que le resta algo de naturalidad al conjunto.
El subwoofer tiene un buen uso a lo largo de toda la película, especialmente en las escenas en que aparecen las cataratas y en la secuencia final.
En cambio, el uso de los canales surround es mucho más limitado, sin que se aprecien casi sonidos aislados en los mismos, dado que básicamente reproducen sonido de ambiente y sólo en contadas ocasiones.

FUENTE:
http://www.zonadvd.com/modules.php?name=Reviews&rop=showcontent&id=185

La Historia de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota

(FUERA DE TEMA DE CLASE PERO QUE TIENE QUE VER CON LA MATERIA)

Algunos de los ecuatorianos que no solo nos vamos a la tendencia de escuchar el regueton y el rave, también podemos saber y apreciar música de las bandas de rock que han marcado mucho la historia de este género como Deep Purple que los podremos ver en vivo en Quito, o de Black Sabath, o muchos otros.

Pero también de las bandas de rock latinoamericano que han influido tanto, y han sido tan reconocidos como para llenar el estadio de River Plate con más de 150.000 personas.

"Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota" es el nombre de la banda liderada por el Indio Solari que en el país de Argentina son recordados como los ídolos que cambiaron la manera de ver el rock de la gente por la forma de presentarse y la forma de hacer vibrar a la gente con su música.


En sus shows en teatros y en lugares de pensantes y filosofos muy dignos de la época de finales de los 70, ellos a parte de que la música siempre formó parte esencial de los shows de Patricio Rey, en las presentaciones en teatros de La Plata se ponían en escena números de teatro y ballet, mientras se repartían verdaderos redonditos de ricota entre el público.

Lo que lo hace más interesante y nos enlasa con lo que nosotros podemos estudiar y analizar sobre ellos en este blog sobre literatura.

Además que ellos nunca se debieron a nadie como veíamos en entradas anteriores que un artista siempre se debe a alguna orden superior para hacer su arte, como los pintores y escultores antiguos que debían simpre hacer un arte que los reyes y superiores satisfechos con el trabajo y que no lo tomen como ofensivo por lo que les podría costar la vida, por lo que tenían que ser muy sutiles con su arte, por eso en los siglos XVI, XVII existen tantas obras solamente religiosas que ya se sabía que con eso los sacerdotes estarían felices.

Este grupo mito del rock a lo único que se debía que es lo que todos de alguna manera nos debemos desde todos los tiempos "El Dinero" por lo que en cierta época fueron una especie de exiliados por problemas legales y con la policía y no podían armar conciertos dando propagandas y en todo lado sino que por underground había una cadena que muchos se enteraban de conciertos suyos e iban al lugar donde era el concierto y escuchaban toda la poesía de la letra en las canciones del Indio Solari y después regresaban a su vida normal.

Esto hizo que ni el gobierno ni la policía sean superiores para que ellos rindan cuentas ni que hagan trascender su música o que a la gente le guste sin propagandas ni publicidad de sus discos, pero siempre con el ansiado Dinero.

Pero solucionando todos los problemas que puedieron tener siguieron y se impusieron como el mejor grupo de rock argentino y como los más famosos grupos de rock latinoamericano, por sus letras con poesía y su música muy cargada.´

Posteriormente vamos a ir analizando sus letras y más de su historia o de otras bandas de rock o de otros géneros que han sido tan extraordinarias como la de los redondos.

domingo, 10 de febrero de 2008

¿Por qué la abundancia de Obras Religiosas en el pasado?

Todos o la mayoría conocemos que Quito es patrimonio cultural de la humanidad por varias razones como su arquitectura, su historia, y sobre todo su arte.

Pero nunca nos hemos preguntado el por qué existen tantas iglesias, tantas imagenes invalorables, pero tan poco distanciadas en esa ciudad tan pequeña de esa época que era solo lo que ahora es el solamente el centro de Quito.

La respuesta es que los artistas tienen siempre que construir algo que a la sociedad le interese y sobre todo que lo que maneja todo en el mundo que es el dinero sea conveniente para el artista y todas sus ambiciones que aunque no qusieran aceptar el dinero es fundamental para todo artista desde el antiguo hasta el moderno.

Pero en esta época también habían otras cosas que manejaban y limitaban la creatividad y la expansión imaginativa de un artista como era el temor y las ambiciones de los de arriba que en los siglos XVI, XVII y XVIII de los que estamos estudiando tenían que dar cuentas en todo a los que mandaban en ese tiempo que son los españoles y como todos sabemos que nos vinieron a hablar sobre la religión y imponernos todo sobre su religión es por esto: la respuesta y la razón más acertada que se puede encontrar el porque de tanta obra religiosa en Quito que no fue por objeto de los artistas para dejar de un lado otro tipo de cosas en su arte, sino porque el régimen de ese tiempo era así y si no se lo cumplía en ese tiempo no habría problema en ejecutar un artista por plasmar en una pintura su forma de pensar.

El arte quiteño tiene que ver mucho con las iglesias que existen aquí, sobre todo por los frescos y las fachadas que se realizaron en nuestras iglesias; todas tienen de característico un estilo barroco, pero que no fue realizado por los invasores españoles ni extranjeros sino por los mismos indígenas, por lo que además hay muchos elementos indígenas en sus propias creaciones barrocas, que es algo muy raro y pienso que es difícil encontrar en otros lados.

Esto se debe a esa tendencia barroca que aún conservamos los ecuatorianos en nuestras creaciones, tenemos algo así como un horror vacío que es el principio del barroco, osea de agregar y agregar adornos y no quedar satisfechos. Como podemos notar en nuestros nacimientos, en nuestros árboles de navidad, en nuestras casa y jardines; tenemos un miedo a dejar algo vacío.

Las principales artes que tenemos en la ciudad son:






IGLESIA DE LA MERCED





IGLESIA DE SAN FRANCISCO


IGLESIA DE LA COMPAÑÍA

Pablo Palacio su locura y forma de escribir

Pablo Palacio es uno de los escritores más reconocidos de nuestro país por gran parte a su rica literatura, pero también por otros aspectos que nos llaman mucho la atención para leer sus historias, por lo que les da un toque especial que muchos escritores que solo son pensantes y genios nunca podrían hacer, porque hay cosas que los locos pueden hacer sin que los cuerdos las puedan hacer nunca.


Según leí tuvo un accidente en la rivera de un río en su niñez en Loja por la cual tendría repercuciones en su futuro.


Cuando comenzó a escribir, para la época estaba se notaba que no iba con la afenidad de los demás escritores que en estos años 30 escribían casi en su totalidad sobre el "Realismo Social" que es lo que a la gente le atraía mucho para leer en estas épocas y la demanda de algo es un factor esencial para los artistas. En cambio Pablo due avanzándo hacia otro tipo de escritura que fue la "Psicología del Hombre", "Comedias Cotidianas", entre muchas otras cosas que podemos apreciar en sus obras.



Nosotros sencillamente podríamos notar un tanto de frenéticas sus historias, por lo que yo personalmente lo poco que he leído con "Un hombre muerto a puntapies" puedo ver que tiene una cierta forma de contar que los críticos criticaban tanto y se burlaban tanto ante de saber de su locura que en el año 1936 fue de conocimiento público. Pero personalmente me gusta más esta forma de contar y apreciar esta forma de contar un cuento; a la de un intelectual que nos cuenta de una manera más compuesta con un tanto de hacernos ver como tontos a nosotros. Por lo que solo en el cuento de "Un hombre muerto a puntapiés" para "resolver" nos pone a utilizar nuestra imaginación y nos hace ser parte del cuento y ser investigadores, como debió hacerlo el protagonista para lograr descubrir todo lo del asesinato del homosexual cuando las instituciones no le dejaron nada concreto para ello.



Para mi paracer Pablo Palacio fuen un genio intelectual a su modo y depende mucho esto a su locura porque en sus ensayos y en sus narrativas aplica mucho una forma de transmitirnos angustias y optar que sus novelas ofrezcan la irónica y desconcertante experiencia de un relato sin personajes ni argumento propiamente dichos, que segun leí algunos críticos la llaman la "antinovela" a este tipo de escritura.



Pero concluyendo puedo decir que es muy bien llamado uno de los más reconocidos escritores ecuatorianos porque es simplemente bueno y tiene una atracción por todas sus características que si dan ganas de acabar de leer este libro siguiendo por el libro "Débora" que posteriormente escribiré que tal estuvo.




"Solo los locos experimentan hasta las glándulas de lo absurdo y están en el plano más alto de las categorías intelectuales"

PABLO PALACIO

martes, 22 de enero de 2008

Cuento "El llano en Llamas" de Juan Rulffo

Subo este cuento porque es el que me parece el mejor cuento o se podría decir que es el más completo del libro para que todos nuestros amigos que visiten nuestro blog puedan tambien leer y apreciar todo lo que nosotros hemos tenido la oportunidad de hacer y aprender.

EL LANO EN LLAMAS

Ya mataron a la perra, pero quedan los perritos... (Corrida popular)


"¡Viva Petronilo Flores!"
El grito se vino rebotando por los paredones de la barranca y subió hasta donde estábamos nosotros. Luego se deshizo.
Por un rato, el viento que soplaba desde abajo nos trajo un tumulto de voces amontonadas, haciendo un ruido igual al que hace el agua crecida cuando rueda sobre pedregales. En seguida, saliendo de allá mismo, otro grito torció por el recodo de la barranca, volvió a rebotar en los paredones y llegó todavía con fuerza junto a nosotros:
"¡Viva mi general Petronilo Flores!"
Nosotros nos miramos.
La Perra se levantó despacio, quitó el cartucho a la carga de su carabina y se lo guardó en la bolsa de la camisa. Después se arrimó a donde estaban "los Cuatro" y les dijo: "¡Síganme, muchachos, vamos a ver que toritos toreamos!" Los cuatro hermanos Benavides se fueron detrás de él, agachados; solamente la Perra iba bien tieso, asomando la mitad de su cuerpo flaco por encima de la cerca.
Nosotros seguimos allí, sin movernos. Estábamos alineados al pie del lienzo, tirados panza arriba, como igua­nas calentándose al sol.
La cerca de piedra culebreaba mucho al subir y bajar por las lomas, y ellos, la Perra y "los Cuatro", iban también culebreando como si fueran con los pies trabados. Así los vimos perderse de nuestros ojos. Luego volvimos la cara para ver otra vez hacia arriba y miramos las ramas bajas de los amoles que nos daban tantita sombra.
Olía a eso: a sombra recalentada por el sol. A amoles podridos.
Se sentía el sueño del mediodía.
La boruca que venía de allá abajo se salía a cada rato de la barranca y nos sacudía el cuerpo para que no nos durmiéramos. Y aunque queríamos oír, parando bien la oreja, sólo nos llegaba la boruca: un remolino de murmullos, como si se estuviera oyendo de muy lejos el rumor que hacen las carretas al pasar por un callejón pedregoso.
De repente sonó un tiro. Lo repitió la barranca como si estuviera derrumbándose. Eso hizo que las cosas despertaran: volaron los totochilos, esos pájaros colorados que habíamos estado viendo jugar entre los amoles. En seguida las chicharras, que se habían dormido a ras del mediodía, también despertaron llenando la tierra de rechinidos.
—¿Qué fue? —preguntó Pedro Zamora, todavía medio amodorrado por la siesta.
Entonces el Chihuila se levantó y, arrastrando su carabina como si fuera un leño, se encaminó detrás de los que se habían ido.
—Voy a ver qué fue lo que fue —dijo perdiéndose tam­bién como los otros.
El chirriar de las chicharras aumentó de tal modo que nos dejó sordos y no nos dimos cuenta de la hora en que ellos aparecieron por allí. Cuando menos acordamos aquí estaban ya, mero enfrente de nosotros, todos desguarnecidos. Parecían ir de paso, ajuareados para otros apuros y no para este de ahorita.
Nos dimos vuelta y los miramos por la mira de las troneras.
Pasaron los primeros, luego los segundos y otros más, con el cuerpo echado para adelante, jorobados de sueño. Les relumbraba la cara de sudor, como si la hubieran zambullido en el agua al pasar por el arroyo.
Siguieron pasando.
Llegó la señal. Se oyó un chiflido largo y comenzó la tracatera allá lejos, por donde se había ido La Perra. Lue­go siguió aquí.
Fue fácil. Casi tapaban el agujero de las troneras con su bulto, de modo que aquello era como tirarles a boca de jarro y hacerles pegar tamaño respingo de la vida a la muerte sin que apenas se dieran cuenta.
Pero esto duró muy poquito. Si acaso la primera y la segunda descarga. Pronto quedó vacío el hueco de la tronera por donde, asomándose uno, sólo se veía a los que estaban acostados en mitad del camino, medio torcidos, como si alguien los hubiera venido a tirar allí. Los vivos desaparecieron. Después volvieron a aparecer, pero por lo pronto ya no estaban allí.
Para la siguiente descarga tuvimos que esperar.
Alguno de nosotros gritó: "¡Viva Pedro Zamora!"
Del otro lado respondieron, casi en secreto: "¡Sálvame patroncito! ¡Sálvame! ¡Santo Niño de Atocha, socórreme!"
Pasaron los pájaros. Bandadas de tordos cruzaron por encima de nosotros hacia los cerros.
La tercera descarga nos llegó por detrás. Brotó de ellos, haciéndonos brincar hasta el otro lado de la cerca, hasta más allá de los muertos que nosotros habíamos matado.
Luego comenzó la corretiza por entre los matorrales. Sentíamos las balas pajueléandonos los talones, como si hubiéramos caído sobre un enjambre de chapulines. Y de vez en cuando, y cada vez más seguido, pegando mero en medio de alguno de nosotros que se quebraba con un crujido de huesos.
Corrimos. Llegamos al borde de la barranca y nos dejamos descolgar por allí como si nos despeñáramos.
Ellos seguían disparando. Siguieron disparando toda­vía después que habíamos subido hasta el otro lado, a gatas, como tejones espantados por la lumbre.
"¡Viva mi general Petronilo Flores, hijos de la tal por cual!", nos gritaron otra vez. Y el grito se fue rebotando como el trueno de una tormenta, barranca abajo.
Nos quedamos agazapados detrás de unas piedras grandes y boludas, todavía resollando fuerte por la carrera. Solamente mirábamos a Pedro Zamora preguntándole con los ojos que era lo que nos había pasado. Pero él también nos miraba sin decirnos nada. Era como si se nos hubiera acabado el habla a todos o como si la lengua se nos hu­biera hecho bola como la de los pericos y nos costara trabajo soltarla para que dijera algo.
Pedro Zamora nos seguía mirando. Estaba haciendo sus cuentas con los ojos; con aquellos ojos que él tenía, todos enrojecidos, como si los trajera siempre desvelados. Nos contaba de uno en uno. Sabía ya cuántos éramos los que estábamos allí, pero parecía no estar seguro todavía; por eso nos repasaba una vez y otra y otra.
Faltaban algunos: once o doce, sin contar a la Perra y al Chihuila y a los que habían arrendado con ellos. El Chihuila bien pudiera ser que estuviera horquetado arriba de algún amole, acostado sobre su retrocarga, aguardando a que se fueran los federales.
Los Joseses, los dos hijos de la Perra, fueron los primeros en levantar la cabeza, luego el cuerpo. Por fin caminaron de un lado a otro esperando que Pedro Zamora les dijera algo. Y dijo:
—Otro agarre como éste y nos acaban.
En seguida, atragantándose como si se tragara un buche de coraje, les gritó a los Joseses: "¡Ya sé que falta su padre, pero aguántense, aguántense tantito! ¡Iremos por él!"
Una bala disparada de allá hizo volar una parvada de tildíos en la ladera de enfrente. Los pájaros cayeron sobre la barranca y revolotearon hasta cerca de nosotros; lue­go, al vernos, se asustaron, dieron media vuelta relumbrando contra el sol y volvieron a llenar de gritos los árboles de la ladera de enfrente.
Los Joseses volvieron al lugar de antes y se acuclillaron en silencio.
Así estuvimos toda la tarde. Cuando empezó a bajar la noche llegó el Chihuila acompañado de uno de “los Cuatro". Nos dijeron que venían de allá abajo, de la Piedra Lisa, pero no supieron decirnos si ya se habían retirado los federales. Lo cierto es que todo parecía estar en calma. De vez en cuando se oían los aullidos de los co­yotes.
—¡Epa tú, Pichón! —me dijo Pedro Zamora—. Te voy a dar la encomienda de que vayas con los Joseses hasta Piedra Lisa y vean a ver qué le pasó a la Perra. Si está muerto, por entiérranlo. Y hagan lo mismo con los otros. A los heridos déjenlos encima de algo para que los vean los guachos; pero no se traigan a nadie.
—Eso haremos.
Y nos fuimos.
Los coyotes se oían más cerquita cuando llegamos al corral donde habíamos encerrado la caballada. Ya no había caballos, sólo estaba un burro trasijado que ya vivía allí desde antes que nosotros viniéramos. De seguro los federales habían cargado con los caballos.
Encontramos al resto de "los Cuatro" detrasito de unos matojos, los tres juntos, encaramados uno encima de otro como si los hubieran apilado allí. Les alzamos la cabeza y se la zangoloteamos un poquito para ver si alguno daba todavía señales; pero no, ya estaban bien difuntos. En el aguaje estaba otro de los nuestros con las costillas de fuera como si lo hubieran macheteado. Y recorriendo el lienzo de arriba abajo encontramos uno aquí y otro más allá, casi todos con la cara renegrida.
—A éstos los remataron, no tiene ni qué — dijo uno de los Joseses.
Nos pusimos a buscar a la Perra; a no hacer caso de ningún otro sino de encontrar a la mentada Perra.
No dimos con él.
"Se lo han de haber llevado —pensamos—. Se lo han de haber llevado para enseñárselo al gobierno"; pero, aún así, seguimos buscando por todas partes, entre el rastrojo. Los coyotes seguían aullando.
Siguieron aullando toda la noche.
Pocos días después, en el Armería, al ir pasando el río, nos volvimos a encontrar con Petronilo Flores. Dimos marcha atrás, pero ya era tarde. Fue como si nos fusilaran. Pedro Zamora pasó por delante haciendo galopar aquel macho barcino y chaparrito que era el mejor animal que yo había conocido. Y detrás de él, nosotros, en manada, agachados sobre el pescuezo de los caballos. De todos modos la matazón fue grande. No me di cuenta de pronto porque me hundí en el río debajo de mi caballo muerto, y la corriente nos arrastró a los dos, lejos, hasta un remanso bajito de agua y lleno de arena.
Aquel fue el último agarre que tuvimos con las fuerzas de Petronilo Flores. Después ya no peleamos. Para decir mejor las cosas, ya teníamos algún tiempo sin pelear, só1o de andar huyendo el bulto; por eso resolvimos remontarnos los pocos que quedamos, echándonos al cerro para escondernos de la persecución. Y acabamos por ser unos grupitos tan ralos que ya nadie nos tenía miedo. Ya nadie corría gritando: "¡Allí vienen los de Zamora!"
Había vuelto la paz al Llano Grande.
Pero no por mucho tiempo.
Hacía cosa de ocho meses que estábamos escondidos en el escondrijo del cañón del Tozín, allí donde el río Armería se encajona durante muchas horas para dejarse caer sobre la costa. Esperábamos dejar pasar los años para luego volver al mundo, cuando ya nadie se acordara de nosotros. Habíamos comenzado a criar gallinas y de vez en cuando subíamos a la sierra en busca de venados. Éramos cinco, casi cuatro, porque a uno de los Joseses se le había gangrenado una pierna por el balazo que le dieron abajito de la nalga, allá, cuando nos balacearon por detrás.
Estábamos allí, empezando a sentir que ya no servíamos para nada. Y de no saber que nos colgarían a todos, hubiéramos ido a pacificarnos.
Pero en eso apareció un tal Armando Alcalá, que era el que le hacía los recados y las cartas a Pedro Zamora.
Fue de mañanita, mientras nos ocupábamos en destazar una vaca, cuando oímos el pitido del cuerno. Venía de muy lejos, por el rumbo del Llano. Pasado un rato volvió a oírse. Era como el bramido de un toro: primero agudo, luego ronco, luego otra vez agudo. El eco lo alargaba más y más y lo traía aquí cerca, hasta que el ronroneo del río lo apagaba.
Y ya estaba para salir el sol, cuando el tal Alcalá se dejó ver asomándose por entre los sabinos. Traía terciadas dos carrilleras con cartuchos del "44" y en las ancas de su caballo venía atravesado un montón de rifles como si fuera una maleta.
Se apeó del macho. Nos repartió las carabinas y volvió a hacer la maleta con las que le sobraban.
—Si no tienen nada urgente que hacer de hoy a mañana, pónganse listos para salir a San Buenaventura. Allí los está aguardando Pedro Zamora. En mientras, yo voy un poquito más abajo a buscar a los Zanates. Luego volveré.
Al día siguiente volvió, ya de atardecida. Y sí, con él venían los Zanates. Se les veía la cara prieta entre el pardear de la tarde. También venían otros tres que no conocíamos.
—En el camino conseguiremos caballos —nos dijo. Y lo seguimos.
Desde mucho antes de llegar a San Buenaventura nos dimos cuenta de que los ranchos estaban ardiendo. De las trojes de la hacienda se alzaba más alta la llamarada, como si estuviera quemándose un charco de aguarrás. Las chispas volaban y se hacían rosca en la oscuridad del cielo formando grandes nubes alumbradas.
Seguimos caminando de frente, encandilados por la luminaria de San Buenaventura, como si algo nos dijera que nuestro trabajo era estar allí, para acabar con lo que quedara.
Pero no habíamos alcanzado a llegar cuando encontramos a los primeros de a caballo que venían al trote, con la soga morreada en la cabeza de la silla y tirando, unos, de hombres pialados que, en ratos, todavía caminaban sobre sus manos, y otros, de hombres a los que ya se les habían caído las manos y traían descolgada la cabeza.
Los miramos pasar. Más atrás venía Pedro Zamora y mucha gente a caballo. Mucha más gente que nunca. Nos dio gusto.
Daba gusto mirar aquella larga fila de hombres cruzando el Llano Grande otra vez, como en los tiempos buenos. Como al principio, cuando nos habíamos levantado de la tierra como huizapoles maduros aventados por el viento, para llenar de terror todos los alrededores del Llano. Hubo un tiempo que así fue. Y ahora parecía volver.
De allí nos encaminamos hacia San Pedro. Le prendimos fuego y luego la emprendimos rumbo al Petacal. Era la época en que el maíz ya estaba por pizcarse y las milpas se veían secas y dobladas por los ventarrones que soplan por este tiempo sobre el Llano. Así que se veía muy bonito ver caminar el fuego en los potreros; ver hecho una pura brasa casi todo el Llano en la quemazón aquella, con el humo ondulado por arriba; aquel humo oloroso a carrizo y a miel, porque la lumbre había llegado también a los cañaverales.
Y de entre el humo íbamos saliendo nosotros, como espantajos, con la cara tiznada, arreando ganado de aquí y de allá para juntarlo en algún lugar y quitarle el pellejo. Ese era ahora nuestro negocio: los cueros de ganado.
Porque, como nos dijo Pedro Zamora: "Esta revolución la vamos a hacer con el dinero de los ricos. Ellos pagarán las armas y los gastos que cueste esta revolución que estamos haciendo. Y aunque no tenemos por ahorita ninguna bandera por qué pelear, debemos apurarnos a amontonar dinero, para que cuando vengan las tropas del gobierno vean que somos poderosos." Eso nos dijo.
Y cuando al fin volvieron las tropas, se soltaron matándonos otra vez, como antes, aunque no con la misma facilidad. Ahora se veía a leguas que nos tenían miedo.
Pero nosotros también les teníamos miedo. Era de verse cómo se nos atoraban los güevos en el pescuezo con solo oír el ruido que hacían sus guarniciones o las pezuñas de sus caballos al golpear las piedras de algún camino, donde estábamos esperando para tenderles una emboscada. Al verlos pasar, casi sentíamos que nos miraban de reojo y como diciendo: “Ya los venteamos, nomás nos estamos haciendo disimulados."
Y así parecía ser, porque de buenas a primeras se echaban sobre suelo, afortinados detrás de sus caballos y nos resistían allí, hasta que otros nos iban cercando poquito a poco, agarrándonos como a gallinas acorraladas. Desde entonces supimos que a ese paso no íbamos a durar mucho, aunque éramos muchos.
Y es que ya no se trataba de aquella gente del general Urbano, que nos habían echado al principio y que se asustaban a puros gritos y sombrerazos; aquellos hombres sacados a la fuerza de sus ranchos para que nos combatieran y que sólo cuando nos veían poquitos se iban sobre nosotros. Esos ya se habían acabado. Después vinieron otros; pero estos últimos eran los peores. Ahora era un tal Olachea, con gente aguantadora y entrona; con alteños traídos desde Teocaltiche, revueltos con indios tepehuanes: unos indios mechudos, acostumbrados a no comer en muchos días y que a veces se estaban horas enteras espiándolo a uno con el ojo fijo y sin parpadear, esperando a que uno asomara la cabeza para dejar ir, derechito a uno, una de esas balas largas de "30-30" que quebraban el espinazo como si se rompiera una rama podrida.
No tiene ni qué, que era más fácil caer sobre los ran­ches en lugar de estar emboscando a las tropas del gobierno. Por eso nos desperdigamos, y con un puñito aquí y otro más allá hicimos mas perjuicios que nunca, siempre a la carrera, pegando la patada y corriendo como mulas brutas.
Y así, mientras en las faldas del volcán se estaban que­mando los ranchos del Jazmín, otros bajábamos de repente sobre los destacamentos, arrastrando ramas de huizache y haciendo creer a la gente que éramos muchos, escondidos entre la polvareda y la gritería que armábamos.
Los soldados mejor se quedaban quietos, esperando. Estuvieron un tiempo yendo de un lado para otro, y ora iban para adelante y ora para atrás, como atarantados. Y desde aquí se veían las fogatas en la sierra, grandes incendios como si estuvieran quemando los desmontes. Des­de aquí veíamos arder día y noche las cuadrillas y los ranchos y a veces algunos pueblos más grandes, como Tuzamilpa y Zapotitlán, que iluminaban la noche. Y los hombres de Olachea salían para allá, forzando la marcha; pero cuando llegaban, comenzaba a arder Totolimispa, muy acá, muy atrás de ellos.
Era bonito ver aquello. Salir de pronto de la maraña de los tepemezquites cuando ya los soldados se iban con sus ganas de pelear, y verlos atravesar el llano vacío, sin enemigo al frente, como si se zambulleran en el agua honda y sin fondo que era aquella gran herradura del Llano encerrada entre montañas.
Los federales se habían ido por el rumbo de Autlán, en busca de un lugar que le dicen La Purificación, donde según ellos estaba la nidada de bandidos de donde habíamos salido nosotros. Se fueron y nos dejaron solos en el Cuastecomate.
Allí hubo modo de jugar al toro. Se les habían quedado olvidados ocho soldados, además del administrador y el caporal de la hacienda. Fueron dos días de toros.
Tuvimos que hacer un corralito redondo como esos que se usan para encerrar chivas, para que sirviera de plaza. Y nosotros nos sentamos sobre las trancas para no dejar salir a los toreros, que corrían muy fuerte en cuanto veían el verduguillo con que los quería cornear Pedro Zamora.
Los ocho soldaditos sirvieron para una tarde. Los otros dos para la otra. Y el que costó más trabajo fue aquel caporal flaco y largo como garrocha de otate, que escurría el bulto sólo con ladearse un poquito. En cambio, el ad­ministrador se murió luego luego. Estaba chaparrito y ovachón y no usó ninguna maña para sacarle el cuerpo al verduguillo. Se murió muy callado, casi sin moverse y como si el mismo hubiera querido ensartarse. Pero el ca­poral si costó trabajo.
Pedro Zamora les había prestado una cobija a cada uno, y esa fue la causa de que al menos el caporal se haya defendido tan bien de los verduguillos con aquella pesada y gruesa cobija; pues en cuanto supo a que atenerse, se dedicó a zangolotear la cobija contra el verduguillo que se le dejaba ir derecho, y así lo capoteó hasta cansar a Pedro Zamora. Se veía a las claras lo cansado que ya estaba de andar correteando al caporal, sin poder darle sino unos cuantos pespuntes. Y perdió la paciencia. Dejó las cosas como estaban y, de repente, en lugar de tirar derecho como lo hacen los toros, le buscó al del Cuastecomate las costillas con el verduguillo, haciéndole a un lado la cobija con la otra mano. El caporal pareció no darse cuenta de lo que había pasado, porque todavía anduvo un buen rato sacudiendo la frazada de arriba abajo como si se anduviera espantando las avispas. Solo cuando vio su sangre dándole vueltas por la cintura dejó de moverse. Se asustó y trató de taparse con sus dedos el agujero que se le había hecho en las costillas, por donde le salía en un solo chorro la cosa aquella colorada que lo hacía ponerse más descolorido. Luego se quedó tirado en medio del corral mirándonos a todos. Y allí se estuvo has­ta que lo colgamos, porque de otra manera hubiera tardado mucho en morirse.
Desde entonces, Pedro Zamora jugó al toro más seguido, mientras hubo modo.
Por ese tiempo casi todos éramos "abajeños", desde Pedro Zamora para abajo; después se nos junto gente de otras partes: los indios güeros de Zacoalco, zanconzotes y con caras como de requesón. Y aquellos otros de la tierra fría, que se decían de Mazamitla y que siempre andaban ensarapados como si a todas horas estuvieran cayendo las aguasnieves. A estos últimos se les quitaba el hambre con el calor, y por eso Pedro Zamora los mandó a cuidar el puerto de los Volcanes, allá arriba, donde no había sino pura arena y rocas lavadas por el viento. Pero los indios güeros pronto se encariñaron con Pedro Zamora y no se quisieron separar de él. Iban siempre pegaditos a él, ha­ciéndole sombra y todos los mandados que él quería que hicieran. A veces hasta se robaban las mejores muchachas que había en los pueblos para que él se encargara de ellas.
Me acuerdo muy bien de todo. De las noches que pasábamos en la sierra, caminando sin hacer ruido y con muchas ganas de dormir, cuando ya las tropas nos seguían de muy cerquita el rastro. Todavía veo a Pedro Zamora con su cobija solferina enrollada en los hombros cuidando que ninguno se quedara rezagado:
—¡Epa, tú, Pitasio, métele espuelas a ese caballo! ¡Y uste no se me duerma, Reséndiz, que lo necesito para platicar!
Si, él nos cuidaba. Íbamos caminando mero en medio de la noche, con los ojos aturdidos de sueño y con la idea ida; pero él, que nos conocía a todos, nos hablaba para que levantáramos la cabeza. Sentíamos aquellos ojos bien abiertos de él, que no dormían y que estaban acostumbrados a ver de noche y a conocernos en lo oscuro. Nos contaba a todos, de uno en uno, como quien está contando dinero. Luego se iba a nuestro lado. Oíamos las pisadas de su caballo y sabíamos que sus ojos estaban siempre alerta; por eso todos, sin quejarnos del frío ni del sueño que hacía, callados, lo seguíamos como si estuviéramos ciegos.
Pero la cosa se descompuso por completo desde el descarrilamiento del tren en la cuesta de Sayula. De no haber sucedido eso, quizás todavía estuviera vivo Pedro Za­mora y el China Arias y el Chihuila y tantos otros, y la revuelta hubiera seguido por el buen camino. Pero Pedro Zamora le picó la cresta al gobierno con el descarrilamiento del tren de Sayula.
Todavía veo las luces de las llamaradas que se alzaban allí donde apilaron a los muertos. Los juntaban con palas o los hacían rodar como troncos hasta el fondo de la cues­ta, y cuando el montón se hacía grande, lo empapaban con petróleo y le prendían fuego. La jedentina se la llevaba el aire muy lejos, y muchos días después todavía se sentía el olor a muerto chamuscado.
Tantito antes no sabíamos bien a bien lo que iba a suceder. Habíamos regado de cuernos y huesos de vaca un tramo largo de la vía y, por si esto fuera poco, habíamos abierto los rieles allí donde el tren iría a entrar en la curva. Hicimos eso y esperamos.
La madrugada estaba comenzando a dar luz a las cosas. Se veía ya casi claramente a la gente apeñuscada en el techo de los carros. Se oía que algunos cantaban. Eran voces de hombres y de mujeres. Pasaron frente a nosotros todavía medio ensombrecidos por la noche, pero pudimos ver que eran soldados con sus galletas. Esperamos. El tren no se detuvo.
De haber querido lo hubiéramos tiroteado, porque el tren caminaba despacio y jadeaba como si a puros pujidos quisiera subir la cuesta. Hubiéramos podido hasta platicar con ellos un rato. Pero las cosas eran de otro modo.
Ellos empezaron a darse cuenta de lo que les pasaba cuando sintieron bambolearse los carros, cimbrarse el tren como si alguien lo estuviera sacudiendo. Luego la máquina se vino para atrás, arrastrada y fuera de la vía por los carros pesados y llenos de gente. Daba unos silbatazos roncos y tristes y muy largos. Pero nadie la ayudaba. Seguía hacia atrás arrastrada por aquel tren al que no se le veía fin, hasta que le faltó tierra y yéndose de lado cayó al fondo de la barranca. Entonces los carros la siguieron, uno tras otro, a toda prisa, tumbándose cada uno en su lugar allá abajo. Después todo se quedó en silencio como si todos, hasta nosotros, nos hubiéramos muerto.
Así pasó aquello.
Cuando los vivos comenzaron a salir de entre las astillas de los carros, nosotros nos retiramos de allí, acalambrados de miedo.
Estuvimos escondidos varios días; pero los federales nos fueron a sacar de nuestro escondite. Ya no nos dieron paz; ni siquiera para mascar un pedazo de cecina en paz. Hicieron que se nos acabaran las horas de dormir y de comer, y que los días y las noches fueran iguales para nosotros. Quisimos llegar al cañón del Tozín; pero el gobierno llegó primero que nosotros. Faldeamos el volcán. Subimos a los montes más altos y allí, en ese lugar que le dicen el Camino de Dios, encontramos otra vez al gobierno tirando a matar. Sentíamos cómo bajaban las balas sobre nosotros, en rachas apretadas, calentando el aire que nos rodeaba. Y hasta las piedras detrás de las que nos escondíamos se hacían trizas una tras otra como si fueran terrones. Después supimos que eran ametralladoras aquellas carabinas con que disparaban ahora sobre nosotros y que dejaban hecho una coladera el cuerpo de uno; pero entonces creímos que eran muchos soldados, por miles, y todo lo que queríamos era correr de ellos.
Corrimos los que pudimos. En el Camino de Dios se quedó el Chihuila, atejonado detrás de un madroño, con la cobija envuelta en el pescuezo como si se estuviera defendiendo del frío. Se nos quedó mirando cuando nos íbamos cada quien por su. lado para repartirnos la muerte. Y él parecía estar riéndose de nosotros, con sus dientes pelones, colorados de sangre.
Aquella desparramada que nos dimos fue buena para muchos; pero a otros les fue mal. Era raro que no viéramos colgado de los pies a alguno de los nuestros en cualquier palo de algún camino. Allí duraban hasta que se hacían viejos y se arriscaban como pellejos sin curtir. Los zopilotes se los comían por dentro, sacándoles las tripas, hasta dejar la pura cáscara. Y como los colgaban alto, allá se estaban campanéandose al soplo del aire muchos días, a veces meses, a veces ya nada más las puras tilangas de los pantalones bulléndose con el viento como si alguien las hubiera puesto a secar allí. Y uno sentía que la cosa ahora sí iba de veras al ver aquello.
Algunos ganamos para el Cerro Grande y arrastrándonos como víboras pasábamos el tiempo rnirando hacia el Llano, hacia aquella tierra de allá abajo donde habíamos nacido y vivido y donde ahora nos estaban aguardando para matarnos. A veces hasta nos asustaba la sombra de las nubes.
Hubiéramos ido de buena gana a decirle a alguien que ya no éramos gente de pleito y que nos dejaran estar en paz; pero, de tanto daño que hicimos por un lado y otro, la gente se había vuelto matrera y lo único que ha­bíamos logrado era agenciamos enemigos. Hasta los indios de acá arriba ya no nos querían. Dijeron que les habíamos matado sus animalitos. Y ahora cargan armas que les dio el gobierno y nos han mandado decir que nos matarán en cuanto nos vean:
"No queremos verlos; pero si los vemos los matamos", nos mandaron decir.
De este modo se nos fue acabando la tierra. Casi no nos quedaba ya ni el pedazo que pudiéramos necesitar para que nos enterraran. Por eso decidimos separarnos los últimos, cada quien arrendando por distinto rumbo.
Con Pedro Zamora anduve cosa de cinco años. Días buenos, días malos, se ajustaron cinco años. Después ya no lo volví a ver. Dicen que se fue a México detrás de una mujer y que por allá lo mataron. Algunos estuvimos esperando a que regresara, que cualquier día apareciera de nuevo para volvernos a levantar en armas; pero nos cansamos de esperar. Es todavía la hora en que no ha vuelto. Lo mataron por allá. Uno que estuvo conmigo en la cárcel me contó eso de que lo habían matado.
Yo salí de la cárcel hace tres años. Me castigaron allí: por muchos delitos; pero no porque hubiera andado con Pedro Zamora. Eso no lo supieron ellos. Me agarraron por otras cosas, entre otras por la mala costumbre que yo tenía de robar muchachas. Ahora vive conmigo una de ellas, quizás la mejor y más buena de todas las mujeres que hay en el mundo. La que estaba allí, afuerita de la cárcel, esperando quién sabe desde cuando a que me soltaran.
—Pichón, te estoy esperando a ti —me dijo—. Te he estado esperando desde hace mucho tiempo.
Yo entonces pensé que me esperaba para matarme. Allá como entre sueños me acordé de quien era ella. Volví a sentir el agua fría de la tormenta que estaba cayendo sobre Telcampana, esa noche que entramos allí y arrasamos el pueblo. Casi estaba seguro de que su padre era aquel viejo al que le dimos su aplaque cuando ya íbamos de salida; al que alguno de nosotros le descerrajó un tiro en la cabeza mientras yo me echaba a su hija sobre la silla del caballo y le daba unos cuantos coscorrones para que se calmara y no me siguiera mordiendo. Era una muchachita de unos catorce años, de ojos bonitos, que me dio mucha guerra y me costó buen trabajo amansarla.
—Tengo un hijo tuyo —me dijo después—. Allí esta.
Y apuntó con el dedo a un muchacho largo con los ojos azorados:
— ¡Quítate el sombrero, para que te vea tu padre!
Y el muchacho se quitó el sombrero. Era igualito a mí y con algo de maldad en la mirada. Algo de eso tenía que haber sacado de su padre.
—También a él le dicen el Pichón —volvió a decir la mujer, aquella que ahora es mi mujer—. Pero él no es ningún bandido ni ningún asesino. El es gente buena.
Yo agaché la cabeza.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Bienvenidos a los "Pupilos Literarios"

Bienvenidos a nuestro blog. Somos alumnos del sexto curso del colegio San Gabriel y que en el transcurso de estos nueve meses del año lectivo 2007-2008 publicaremos todo nuestro aprendizaje de las clases de literatura.

Agradecemos por su visita y les pedimos que realicen cualquier comentario, pregunta y sugerencia nosotros lo responderemos con mucho gusto. A continuación vamos a presentar los primeros ensayos sobre la materia de este primer trimestre y algunos de los libros leidos.

Imagen y mejoramiento del Blog (Contador, reloj, fotos, videos, datos personales), bienvenida y comentario de entrada por Esteban Tapia I.